¡Vamos, vamos que crecen las flores!
¡Vamos, que todo florece!
Salen los pétalos, las hojas se enverdecen.
Hay color.
Salen también las espinas.
¡Corta algunas rosas! Ve, y tráemelas.
¿No son hermosas las espinas?
Tan bellas... Mortíferas, asesinas.
Qué paradójico que una flor naciente tenga esas armas.
Qué paradójico que en la estación de la vida, uno decida tan alocadamente.
¿Locura? ¿De qué locura estás hablando?
¿Desesperación? Nos están faltando soluciones.
Estamos viviendo poco. ¡Nos están faltando defensas!
¿A nosotros? ¿A mí?
Deprimente. Deprimente ver algo tan tonto y sencillo como una rosa, que puede defenderse.
¿Y yo? ¿Qué me queda?
No tengo fuerzas, ni siquiera me quedan mis arranques de violencia.
Di todo, di todo por tí, para tí.
Mi amor, e inclusive mi odio.
Y ahora, ¿qué puedo hacer?
Si tan solo te has ido, con parte y todo de mí.
Te llevaste el alma, el corazón.
Soy un muerto en vida, un cuerpo vagando bajo la luz del ocaso...
Clavaré esas espinas en mis muñecas.
Me haré una corona.
Moriré despacio, y no reviviré.
Moriré mientras todo nace. 
Moriré hasta desangrarme, y mi sangre se secará bajo el sol.
Mi carne se curtirá y mi cuerpo será un cadáver más,
otro de los tantos que perdieron la vida durante la estación de la vida, ante la falta de un verdadero amor...



(Inspirated by: Alois Lucero y sus charlas impredecibles)