Pensás que lloro por tí.
Por tí, porque te amo.
Por tí, porque te espero.
Por tí, porque te necesito.
Y me pides que no lo haga.
Me pides que no llore. Me pides que no sufra.
Y me pones a mí por delante de tí.
Procuras que comprenda que te importo.
Intentas demostrarme que te importo.
Te importo...

Pero, ¿quisieras saber por qué lloro?
Cuál es la verdad, qué es lo que oculto...
Sí, lloro por tí. Estoy llorando por tí.
Lloro porque te amo. 
Lloro porque te espero.
Lloro porque lo necesito.
Y me pides que no lo haga.
¿Cómo no hacerlo? 
Ya no sé qué más dar de mí.
Y menos sé cuánto es lo que estás dando de tí.
Me confunden tus reacciones, tus cambios, tus giros.
Me confundís vos y tu otro yo.
Dos personas diferentes, manifestándose ante mí.
¿Qué es lo que no estoy entendiendo?
¿Acaso me he saltado un capítulo de mi propia vida?
¿Acaso me he dormido durante tus explicaciones?
¿Acaso lo he soñado, y la falta de sentido de esta realidad
es sólo una ficción, un cuento, una pesadilla?
Indecisa, perdida, como en una nebulosa.
Me siento desorientada, sin rumbo fijo.
Y me pregunto:
¿Para dónde ir? 
¿Para dónde disparar?
¿Cómo actuar? 
¿Qué hacer? 
¿Qué decir?
¿Cómo soportar?
Y mi cabeza da vueltas y mi mente se quema, se prende fuego, se hace cenizas.
Intento darme cuenta, busco la forma de caer, la forma de despertarme...
¡Basta!
¿Qué es esto?
¿Una especie de juego?
No sé las reglas. 
No sé cómo jugar.
Estoy rezagada
Derribada. 
Derrotada. 
Pisoteada. 
Maltratada.
Mientras te diviertes con mi alma.
Te diviertes con el amor.
Mi amor.
Porque soy el objeto.
El objeto del juego.
Librada al azar...
¡No juegues conmigo!