Todavía puedo recordar
aquel día que me amaste por última vez.
Era un lunes, fue feriado,
tus palabras me amarraban a tu amor.
Yo te sentí, no me alejé,
las cosas parecían ir normal.
Y así seguí, sin sospechar
que pronto todo iba a cambiar.


Un día gris, apareció
tu cara entre tantas del salón,
yo te abracé y un frío entró,
y no entendía que era lo que sucedió.
Te alejaste de mi amor,
ni un beso que avivara ese calor,
¿Por qué tuvo que ser así,
si hacia días todo era tan normal...?

Siguió todo sin resolver,
las lágrimas brotaban cada vez
que te pensaba o al saber
que no podría verte nunca más.
Y asumí la realidad,
pero me mentí a mi misma al decir
que ya no recordaba más
todo lo que juntos pudimos vivir.

Seguí queriendo encontrar
la forma de saber ese por qué
todo nos fue saliendo mal
y tuve que renunciar a ese amor.
Seguí esperando descifrar
lo que tus labios decían en verdad
si fue por mí, si fuiste tú, 
si eras parte de una falsa realidad.

Y decidí dejarte ir,
los abrazos y besos abandoné.
Te extrañé, difícil fue,
y de poco fui cayendo en la verdad.
Y hoy aún sigo aquí
pensándote un poco al despertar,
Pensando en tí, pensando que
tal vez ella te haga feliz un poco más.

Quizá mañana pueda ser
que te olvide o te ame menos que
lo que yo siento aún hoy
que me invade todo el cuerpo de pensar
en lo que junto a tí viví,
las caricias, los abrazos y algo más,
aquello que me hacía sentir
tan amada, tan mujer, tan única.