Reflexionemos...
Hagamos contacto con nuestro yo interno.
Veamos qué es lo que nos pasa, qué es lo que sentimos.
Introduzcamos nuestra mirada, pura, en nuestra alma.
Sintamos lo que queremos, lo que nos guste sentir.
Dejémonos llevar, un poco, al menos.
Estemos dispuestos a que la felicidad nos encuentre.
Comprendamos ciertos por qué, planteémonos interrogantes,
busquémosle un significado a la vida, pero viviendo.
Viviendo a pleno. Viviendo, sintiendo, creciendo,
hasta el día del final.