Bajé por la montaña de arena corriendo. Todo estaba oscuro, a lo lejos, las luces del muelle daban testimonio de que había algo en esa inmensidad. Los médanos cubrían cualquier vista hacia el otro lado. El frío era intenso, el viento golpeaba. Había algo en ese clima que hacía a uno sentirse más pequeño que lo normal, más solo, más insignificante.
Miré hacia el horizonte, y divisé algunas estrellas. La luna se veía blanca, brillante. Vi el mar, la luna reflejada en él, y la espuma de las olas al romper. Respiré hondo. Olor a humedad, a sal, a playa...
Busqué tu cara en el tiempo. Pensé en lo que vivimos. Pensé en cada recuerdo. Pensé en que allí había sido el último lugar donde te había sentido mío. Pensé en que te extrañaba. Pensé en que ya no te tenía. 
Abracé el aire. Sonreí.
Me acerqué a la orilla. Toqué el mar. Lo sentí, helado, congelando mis manos.
Mojé mi cara, mojé mi frente, limpié mi ser. Traté de aislarme.
Cerré los ojos y dejé de pensar.
Por un momento, dejé de pensar.
Me senté en la arena y me dejé llevar.
Escribí tu nombre sin mirar. 
Y allí escribí tu cara. Escribí lo que vivimos. Escribí cada recuerdo. Escribí que allí había sido el último lugar donde te había sentido mío. Escribí que te extrañaba. Escribí que ya no te tenía.
Y te dejé allí. Y el mar vino a curar las heridas. Te llevó, te borró, te alejó...


Abrí los ojos.
Observé el rastro que había dejado el mar. Algo escrito en la arena, borroso, se distinguía sobre la arena. Me detuve a mirar, no distinguí qué era lo que decía.
Me levanté despacio. Miré hacia el horizonte. Diferente al que había visto hacía algunas horas atrás. Era brillante, luminoso, soleado. Estaba amaneciendo. Amaneciendo en mí, en mi interior, muy profundo. 
Amanecía un nuevo día, una nueva canción, un nuevo amor. Me sentía viva, completa, plena, como algún día me había sentido...
Abracé el aire. Sonreí.
Corrí hacia el médano. Subí la montaña, di media vuelta, y eché un último vistazo.
Una lágrima rodó por mi mejilla, silenciosa, posándose sobre mi sonrisa, imborrable ya.
Respiré, giré, y seguí.