Y después de un fin de semana sanador, estaré dispuesta a cerrar mis ojos en la oscuridad y esperar a que comience el nuevo día. Y sonreiré, porque me siento completa de vuelta. Voy a pararme y caminar hacia adelante, sin pensar en lo que dejé atrás. No sé si voy a lograr olvidar lo que viví, pero no me hago problema por eso, sino que soy feliz por haber vivido lo que viví, sea lo que sea. Soy feliz por haber vivido. Viví, eso me basta.

~

Esta madrugada salí de ese lugar donde tantos momentos compartí con vos, y no me percaté que hacía dos meses, a esa hora, en ese lugar, estaba despidiéndote, dándote el último beso, el abrazo más sincero. Estábamos llorando, riendo, sabiendo que nos íbamos a extrañar. Estábamos ilusionados, felices, extraños. Estábamos entregados. Estaba descubriendo algo nuevamente, estaba sintiendo de vuelta esas mariposas en la panza, ese estremecer al verte, ese calor que me subía cuando me acariciabas, cuando me abrazabas, esos latidos acelerados cuando nos dábamos un beso. Y te vi, te acaricié, te abracé, te besé, y me di cuenta que me estaba enamorando. 
En el momento en donde me di cuenta que me enamorabas, fue el último instante de amor real que me dejaste darte. La siguiente vez que te vi nada salió como quería. Las cosas ya habían cambiado. No pude amarte... No eras el mismo, no éramos los mismos...
En tí, tu corazón estaba ocupado por otra persona.
En mí, mi corazón faltaba. Te lo había entregado.


Hoy, dos meses después, te sigo queriendo tanto como te quise. Sigo sintiendo lo mismo. Sigo extrañándote, sigo pensando en vos, sigo soñando con vos. Pero ya renuncié. Renuncié a vos, a todo aquello que soñaba, aquello que quería, aquello que imaginaba. Renuncié, y me resigné. Sólo espero que seas feliz, y que alguna vez pueda volver a verte, abrazarte, mirarte a los ojos y decirte que te quiero. Nada más que eso. Cual amigos. Como dos personas que se estiman. Solo de esa manera, me harías más feliz.