Sí, está feliz, severamente feliz.
Sí, está feliz. Feliz cuando se levanta, por la tarde, cuando se acuesta.
Sí, quiere ser responsable. Sí, le gusta el canto de los pájaros. No le molesta el frío que la azota a la mañana. No se hace problema por acostarse tarde y levantarse temprano.
Nada le molesta. Pero quería un momento de llanto. Llanto para ella, compartido con alguien o no, pero que salga de ella, de su interior. Que sea un llanto propio, de su alma, y no un llanto por el alma de otro.
Quería un momento para ella y sus lágrimas. Ella con ella, ella sin todos, ella con nadie. Ella y sus lágrimas. Necesitaba sentir que los ojos le ardían, que se le mojaba la cara, que sus músculos todos se comprimían, deformando su rostro.
Sí, necesitaba decir "BASTA". Sí, necesitaba decir "SE TERMINÓ".
Sabe que no se terminó. Sabe que no acabo. Y que falta para que acabe.
Pero se descargó.
Sí, está feliz, severamente feliz.
Sigue feliz. Su vida le sonríe. Es feliz.
Pero precisaba ese descargue.