La hija del fletero, linda, infinita,
volvió a Madrid, donde parece que es feliz.
Ese día me mandó al descenso.
Recuerdo como su mirada me volteó.
Pero dos que se quieren, se dicen cualquier cosa.
En mi buzón hay un par de cartas suyas
Fueron juntándose y no tengo el valor...
Todavía su amor me descargas
(nunca tuvo amigos en conjunto junto a mí)
Pero a los ciegos no les gustan los sordos...
Y un corazón no se endurece por que sí.
Me reclamaba y no la quise oír.
Hice de todo por impresionarla.
Y dejé huérfano todo su penar
No me gustó como nos despedimos
Daban sus labios rocío y no bebí
Sopa de almejas es todo lo que como
(siempre fui menos que mi reputación)