La alegría no viene sola...
El extrañar tampoco.
Los cambios podrán alterar tus estados de ánimo, pero no tu memoria.
No, lamentablemente no. La memoria sigue intacta, ahí, presente, haciendo doler, pinchando con fuerza.
El grito, el golpe al corazón, el gesto de desentendimiento que queda flotando como una nube en la mente de aquel que me miró, en ese momento, ese preciso instante, donde su recuerdo pinchó, se clavó, habló por mí misma. Habló porque habló por medio de mi cuerpo. Se expresó, expresó lo que hizo en mí, lo que ME hizo, lo que me provocó, lo que me hizo para que yo hoy esté así, como estoy, en este estado de tristeza y nostalgia del cual no puedo salir. Estoy hundida, hundida en un mar de lágrimas. Necesito con urgencia salir a flote, necesito dejar de ahogarme... Cada vez mi corazón late más despacio, cada vez tengo menos aire y no te tengo aquí para respirarte. ¿Qué voy a hacer? 
Basta, no se soporta la vida así.
O te vas, o te echo.
[como si fuera tan fácil]