Y quedarse quieto,
un instante, un momento,
atravesándose un deseo
de prolongarse en el tiempo,
seguir mirando despacio,
escuchando el respiro,
y sintiendo el calor;
que las horas pasen lento,
o no llegue el segundo
en el que tenga que perder
el contacto de las manos,
o tener que levantar
la cabeza sobre el pecho,
despedirse suavemente
y perderse caminando
en el silencio de la noche.