Con qué facilidad se puede sonreír cuando es el amor lo que ronda; ausencia de resentimientos o rencores, sólo amor sincero. Eso fue un querer, eso fue cariño: la aceptación va de la mano. Saber que hay sonrisas, saber que aún se piensan, aún se sienten, y asumir que las cosas no se fuerzan, sino se dejan fluir; y si la vida está dispuesta a volver a unir esas sonrisas interminables, esos dos cauces, esos dos ríos tan furiosos, veloces, caudalosos, llenos de vida y ganas de vivir, llenos de sueños y fuerza, se fusionarán en un solo camino para avanzar a la par hacia adelante. Y si no, se observarán a la lejanía, con un fuego perenne ardiendo en el corazón, inmortal, sobreviviendo, y en el ojo un lagrimón: en el agua salada, reflejándose, el recuerdo... la orilla, la arena, la playa y el mar, el Sol radiante brillando sobre ellos y más allá; ojo frente a ojo, boca sobre boca, sintiendo el calor real, el amor inmenso, y la plenitud de la felicidad. La alza en el aire y giran, perdiéndose en el humo de la noche luminosa, escapando de la atmósfera y haciéndose eternos en el Universo sinfín, en la cresta de una ola, navegando en mares estelares, en la emoción maravillosa del sentir verdadero.
fue un
jueves, agosto 29, 2013