En el miedo.
¿Y dónde radica el miedo?
En el paso previo al amor.
En ese ¿pequeño? ¿gran? trecho
entre el cariño y el amor.
En esa común confusión,
entre el sentimiento de ser dueño,
y amar aún en libertad.
Llamándole "amor" a un simple
-pero no por eso menos importante-
cariño,
que luego parece engrandecerse
cuando la obsesión coloniza
tanto los huesos como la piel,
tanto la mente como el alma;
y repentinamente,
el llanto y la desesperación
se hacen cotidianas
ante ese "amor" irreal,
que idealizando conquistó,
y persistió con esa idea
de ser amor verdadero,
cuando ese es tan único,
y pasa tan desapercibido,
que pecamos día a día
al aferrar firme contra el pecho
obsesiones compulsivas
sin dejarnos lugar a descubrir
la magia del amor,
la confianza ciega
y la libertad plena.