Hay una llama en el cielo, y otra en el corazón,
son como gotas de fuego cayendo y subiendo,
de arriba hasta su pecho, y luego vuelven a volar.
Hay una llama en la mirada que no se atreve a quemar,
que se aviva cada vez más, siempre creciendo va,
es una luz que en cada despertar vuelve a brillar.
Hay una llama en cada pie, otras en las manos.