En silencio

Silenciosamente,
echa un beso tierno en su frente.
En silencio se sonríe y observa el dormir.
La noche parece quieta,
pero las esferas del cielo giran incesantes,
así como gira su cabeza durante cada mirada.
Silenciosamente,
el amor que un día le brotó,
en silencio dejó crecer rosas en el pecho.
Se le inundaron el alma y la voz,
su cuerpo no conoce el mal humor,
sólo piensa en ese suspirar
que siempre se detiene a escuchar.
Silenciosamente,
una mariposa se posa en el techo de cristal,
en silencio, se impacienta y busca el despertar.
Pero está ese ruido interior,
son latidos tras la búsqueda del gran amor,
saben que descansa en el mirar
que se esconde bajo ese parpadear.
Silenciosamente,
el parpadeo le falló.
En silencio quiere abrirlos ya, pero no responde al despertar.
Su propio latir lo confundió,
y no pudo prestarle atención;
no respira ni parece estar
despidiendo la vida que solía dar,
el calor se le desvaneció,
y su cara perdió el color.
¿Cómo se hace ahora para salvar
a ese alma tras tanto dolor?
Gotas caen en la gran ciudad,
y el llanto acompaña ya;
la mano no le puede soltar,
aunque no lo volverá a sujetar jamás.