Da dos pasos.
Se aleja de esa cama sin razón.
Abre la puerta en silencio,
se logra escabullir...
Una debilidad que es más fuerte que un latido.
Acelera,
se pierde en la noche una vez más.
Y va pensando una razón,
buscando transmitir
una señal real donde poder sostenerse...
Sigue andando,
y cierra los ojos en su camino;
va tratando de percibir,
volver a revivir
el fuego que sintió...
Si fue verdadero o no.
Cayó un rayo y su ruido la asustó.
Se detiene sin tener claro
si había arribado a su destino.
Sueña y cruza los dedos...

Las pesadillas que
alguna vez temió
materializándose en su living.
Y se arroja un adiós
en medio del sillón
que luego estalla en pedazos:
todo estacas, las paredes,
atravesadas de soledad.