En el silencio de la medianoche,
los llantos y las risas se oyen más.
Aún más se oyen las gotas cayendo,
golpeando, sin más remedio,
contra el suelo,
su destino final.
Aún más se oyen los vuelos,
pájaros nocturnos cruzando el cielo,
aleteando sin parar,
hasta reposar.
Aún más se oye el viento,
soplando fuerte desde algún lugar,
atravesando los espacios
silbando sin cesar.
Aún más se oyen latidos,
de corazones en plena soledad,
algo abandonados,
en un costado;
sujetados débilmente
por un débil hilo
que forma un límite
entre la vida y la muerte.
Se oyen despacio
acompañados por susurros,
suspiros despedidos,
arrojados al aire
sin nadie que los pueda atrapar.
Besos que se pierden,
caricias que se olvidan,
pensamientos que mueren
en el silencio de la medianoche.