Desde el piso las cosas se ven de otra manera,
el cielo parece caerse encima del suelo,
pero sogas transparentes sostienen y envuelven;
en una de esas quizás ya no sean tan fuertes,
y todo será suelo,
o todo se hará cielo,
y para eso tendremos que estar preparados,
y bien saber volar...
Desde el piso las cosas se ven diferente,
y más si estás acostado de espaldas al techo;
tu respiración empaña las baldosas,
y sentís pegarse tu piel pegajosa,
y empezás a dormir,
o empezás a cantar,
pero seguís ahí tirado, arrojado,
sin quererte levantar...
Desde el piso las cosas se ven de otra manera,
aún si los silencios son más extensos que el hablar.
El corazón busca alzarse
y salir por ahí a flotar,
y arranca a latir
o arranca a cantar,
pero no se quedará quieto,
y aún en la muerte insistirá.
Desde el piso las cosas se ven de otra manera,
incluso el abrazo es especial;
sobre la cerámica, intenso,
el frío se hace notar;
pero repentinamente,
en un maravilloso juego
el calor no tarda en llegar,
y comienza a acariciar,
y comienza a besar;
mira fijo a las pupilas,
y en silencio,
desde ese suelo,
las almas se empiezan a entrelazar.
Los roces y los latidos cantan;
son música, apasionada por sonar.