Y en el preciso instante en el que el alma desea soltarse, escaparse, y desde su aspiración más honda, volar derecho en un dirección, esa dirección determinada que tanto está mirando y buscando, esa dirección que le lleva a la plenitud, a lo completo, al cien por ciento, que le aumenta el potencial, las ganas, la emoción, y la fuerza de mirar, de sentir, de escuchar y rozar; que enciende aún más el brillo del Sol y aumenta su calor; que hace a la Luna aún más bella y blanca, que hace gritar aún más fuerte y llorar con más amor...
 ahí, en ese preciso instante, el alma extraña.