día 5

Hace algo más de un año nos permitíamos descubrirnos el uno al otro a través de caricias, abrazos, y besos desenfrenados. Hace algo más de un año de aquel día en el que se me erizó la piel cuando te acercaste en el balcón. Algo más de un año desde que supiste leer el "sí" en mi mirada, el "yo también quiero". Supiste tocarme de esa manera en la que se toca a quien se ama, con el amor brotando de tus palmas, y ese calor que nunca te falta, que siempre me llega.
Tengo la capacidad de reconocer los olores del año. El olor de cuando el verano llega, de cuando se está yendo. El olor a otoño, a hoja caduca; el olor a lluvia húmeda y fría de invierno. El de los capullos que aparecen, y luego se abren. El aroma a florecer.
Estoy oliendo al verano que nos deja, con un susurro cálido y seco, treinta grados y vibras de amistad. Estoy oliendo al mismo verano de siempre, que el último año tuve la suerte de oler embebido en tu aroma.
Desde hace algo más de un año que los aromas del año no son simples aromas a naturaleza, sino una mezcla entre el aire y tu esencia. Hoy encontré en el aire esa pizca de aroma a verano que se va, a marzo, a los últimos calores y soles plenos. Pero ya no es lo mismo. Le falta tu olor. Y volver al aroma a naturaleza, sin el perfume de vos contrastando, me llenó de nostalgia y tristeza. Me llenó de ganas de sentirte a mi lado nuevamente, para desarmarte a besos y abrazos, y volver a inspirar hondo por la nariz, para llenarme de tu éter.

Puedo oler y cerrar los ojos para hallarme en tiempo y espacio en esa primer caricia, en ese primer beso, en esos nervios recorriéndome el cuerpo, en ese dormir acurrucados desde el día uno, sin importar otra cosa que brindar amor, sin importar lo que el otro pensara, sino demostrando la mejor cara de la humanidad: la solidaridad. El brindarse por mejorar al otro. El darse en el amor y entregarse al placer de la compañía desinteresada, esa que jamás vino a competir, ni dominar, ni superar, sino sólo a acompañar.
Puedo hacer de cuenta que estás acá, mirarte en la cama. Imaginar tu abrazo.
Puedo, y acaso podría también intentar conformarme.
Pero no, ese no es nuestro estilo.
Conformarme no es opción.
Menos después de haberte encontrado. Haber cruzado caminos. Habernos tomado de la mano y empezado a caminar en un sentido y dirección concretos.
A fin de cuentas, todo es mejor de a dos... ¿o no?