¿Sabés qué? Es hermosamente raro sentirte a mi lado, aunque no lo estés. Y digo que no lo estás refiriéndome a la forma convencional en la que nos referimos a las presencias o ausencias de las personas.
No estás, pero estás. No hablás, pero te escucho. No te veo, pero te siento.
Escucho tu voz en el teléfono. Cuánta alegría. Cuanto amor que me llena.
Y me contás que te pasa lo mismo, y no puedo evitar sonreír. Y te extraño, sí, y me desarmo de las ganas de abrazarte y volver a sentirte cerca con tu fuego, ese que me recorre de pies a cabeza cada mañana, cada tarde, cada noche, en cualquier lugar, mirando el cielo, o escuchando el mar. Y te extraño, pero sin sufrir. Te extraño con una sonrisa enorme en el rostro, una sonrisa que surge de un pensamiento, pensamiento en el que estás continuamente, mirándome con esa cara de amor con la que me mirás.
Pedaleo por estas calles, lejanas y un poco extrañas, en las que no me hallo (ni nos hallaríamos). Calles en curva rodeadas de pasto y árboles, las cuales, aún con esas características, están lejos de nuestro destino. Veo el lago artificial lleno de hermosas aves blancas, gente sentada alrededor, mientras cuido de no chocar con otras bicicletas y corredores, en la distracción de perderme observando ese paisaje en donde compartimos una tarde hermosa en el aniversario de mi natalicio. Estás tan presente que te siento pedaleando a mi lado. Quizá me pasan cosas desafortunadas y nada me saca de mi eje, te escucho diciéndome 'no pasa nada, tranquila, relajate, fuiste a pasear' y sonrío, sonrío en la distancia, sonrío con tus palabras, el tiempo se ralentiza, la bicicleta flota, mis pies no pesan, no me importa qué hora es, cuánto tarde, cuándo llegue. Disfruto de esa pedaleada con el amor y la simpleza con los que me enseñaste a disfrutar esos pequeños momentos que ni yo me permitía disfrutar.
Me seguís enseñando aunque no estás. Por eso digo que no estás, pero estás. Por eso digo que cada día te amo más. Por que en tu recuerdo crezco. Y en el reencuentro, pongo amor, y fe. Y en el hoy, la energía total, mi energía vital, esa que fluye sin parar, sin dejar de pensarte, sin dejar de hallarte en cada vuelta de esquina, en cada puesta de sol, en cada pedaleada, en el cansancio de llegar, en la paz de sentarme y nutrirme como corresponde.
Sos luz constante. Continua. Eterna.