día 14

Vuelvo a dormir en este sillón, dos semanas después.
Recuerdo estar acostada recibiendo tus últimos mensajes, justo antes de que activaras el modo avión. Recuerdo dormirme mirando el cielo, viendo un avión pasar. Sabía que no estabas en ese vuelo, pero mi alma quería estar ahí con vos.
Recuerdo las ansias de recibir tu mensaje de llegada. De volver a verte la cara a través de una pantalla. Escucharte la voz. Decirte que te amo.
Recuerdo la desesperación que sentí cuando me di cuenta de que no nos podíamos mirar a los ojos al mismo tiempo. Que si yo miraba la cámara, vos me mirabas a los ojos, pero yo a vos no.
Que si vos mirabas la cámara, yo te miraba a los ojos, pero vos a mí no.
Que el silencio que tanto nos gustaba compartir ya no existía. Que si había silencio, había desconexión. 
Que ya no habían ratos de contemplar. De disfrutar juntos y en silencio la puesta de sol, unas canciones, unos mates, unas sonrisas, unos masajes. 
Que el calor era solo mío y no te lo podía dar. Ni los besos ni los abrazos ni los te amo que surgían simples y espontáneos a cada rato.
Que no ibas a abrazarme mientras cortara frutas, que no iba a abrazarte mientras hacías las tostadas.
Que no te iba a despertar más con besos en los hombros, ni en la espalda, ni en el cuello o en las manos. Que no iba a dormirme envuelta en tus brazos, ni vos envuelto en mis piernas.
Dos semanas de desayunar sola mirando hacia delante, buscando encontrar tus ojos compartiendo tiempo y espacio. Tus ojos que me transportan a lugares a los que no sabía que podía llegar.
Te quiero mirar en tu mirada, sujetarte la cara y decirte "bienvenido".
Día a día más te conozco. Día a día más te amo.
Tu mamá y tu papá me hablan de vos. Yo los escucho, te guardo adentro mío.
Sos parte de mí, y soy parte de vos. Te extraño otra vez, todo el tiempo, con los pies, la piel, los labios, el pelo, las uñas. Te extraño con solidaridad, respeto y cuidado. Con responsabilidad. Con interés activo. Con admiración. Con amor.
Una foto tuya de pequeño descansa en mi bolsillo. Me la regaló tu mamá. Se me cae una lágrima, me río en complicidad, aunque nadie me vea, aunque nadie lo sepa. Me río en complicidad conmigo misma, con esta alma que me agradece por dejarla fluir, por darse sin miedo, por entregarla al amor. Por dejar que la vida halle sentido, y convertirlo en motor.