y el Sol tu dios.
Que no hayan quienes
disponiendo de tus dóndes
ni tus cuándos
ni tus por qués.
Que sólo seas vos
con vos
dueño y amo absoluto
de tus sueños
y placeres.
De cada minuto de vida.
Que la Luna te grabe
aquello que el día te regaló
en lo más hondo de tu corazón
y que una sonrisa se dibuje en tu rostro
al terminar cada jornada
y apoyar la cabeza en la almohada.
Que tu alimento sepa ser
tu fuente de energía
y nunca te falte
una caricia en la cara
del momento,
del viento,
o del recuerdo.
Que los sueños suban de categoría
día tras día
al perseguirlos
y cumplirlos
y abrazarlos.
Que mi sonrisa te llegue
cada vez que te piense
y el amor te alcance
justo antes de que cierres los ojos.
Amor que no entiende
de distancia
ni de kilómetros.
Sólo armoniza
con las sensaciones
de los momentos,
los dulces
y los no tanto,
los duros,
los buenos,
los que enseñaron.
Los que vinieron para quedarse
para siempre
en la
memoria.
Momentos que me abrazan
en forma de recuerdo
mientras pienso
en las ganas
de seguir compartiendo
generando improntas
en el centro del pecho.
Imágenes nuestras
haciéndome un gesto.
Esa media sonrisa.
Esa mirada tierna.
Ese corazón que se sobresalta
cuando te reconoce
en el campo visual.
Cuántas ganas de agarrarte de la mano
y caminar a tu lado
hasta el final.