Tus palabras y tus frases definen mi día.
Verte, me da luz.
Hablar contigo es lo que espero cada vez que me siento delante de esta computadora.
Sólo busco encontrarte conectado, hablar.
Hablarte, hablar.
Que me hables, hablar.
Busco el encuentro.
Encuentros que a veces duelen.
Duele cuando te encuentro y termino desencontrándote.
Duele cuando espero una frase, y llega una diferente por completo.
Duele cuando ya no hago más que inventar excusas para tener razones para hablarte.
Duele cuando te cuento mis sueños, y te los tomas tan sólo como bromas.
Duele cuando esquivas mis preguntas.
Duele cuando el amor se va contigo, y ni una mísera parte de él vuelve hacia mí.
Estoy perdida en una nebulosa, ya no aguanto más.
¿Qué hacer, cómo reaccionar?
¿Acaso enviarte esto por un mensaje?
¿Acaso decirte "sí, la verdad es que no me interesas", cuando sé muy bien que es todo lo contrario?
Lo sé, lo sabes.
Ambos lo sabemos.
Que me muero de ganas de volver a besarte. De volver a sentirte mío, por un rato nada más.
De volver a estar con vos, sentir tus labios, tu corazón desenfrenado.
¿Dónde quedó esa pasión? Esa pasión que me supiste dar aquella tarde, en silencio.
¿Dónde está? ¿Dónde fue? ¿Quién se la llevó?
Es algo que no puedo parar de preguntarme.
Si me demostraste que la pasión en tí existía, ¿por qué ahora esa frialdad?
Eres cruel, cruel con mi alma!
Estás estrujándome en el interior. Estás matándome por dentro. Estás logrando que muera de dolor.
De dolor del alma, de dolor del corazón.
De ser yo quien busca tu encuentro a cada momento.
De ser yo quien quiere encontrarte, cruzarte, mirarte, que me mires.
De ser yo esa que se desvela por tu recuerdo. Desconcentrada, mirando al más allá, pensando, recordando esos momentos de pasión, de lujuria, de acompañarnos en la locura de entregarnos.
¿Entregarnos dije? ¿EntregarNOS?
Creo que me estoy confundiendo.
Más bien fue MI entrega. ME entregué.
Y tú, más bien, diste un poco. Ese poco que se entrega para conformar al otro.
Me hubieras dicho. Me hubieses avisado. Me hubieses comentado.
Si las reales intenciones no eran esas, ¿para qué? ¿Cuál fue el fin, la necesidad?
¿Con qué necesidad? ¿Acaso, el objetivo era, finalmente, hacerme sentir rendida, destruida, colapsada?
Así me siento. Así de horrible me siento.
Una semana pasó ya, una semana que me diste de probar del sabor dulce de tu piel.
Una semana.
Un lunes, que quisiera volver a repetirlo cada lunes de mi vida.
Y dormir a tu lado, abrazada a tí.
Y poder besarte, todo el tiempo. Besar tus labios, tu cara, tu cuello, tu pecho.
Besarte porque me entrego.
Entregarme porque te deseo.
Desearte porque te amo.
Amarte porque te amo.