Siempre fui una enana al lado tuyo. Toda la vida. Y creo que siempre eso me hizo tenerte más respeto, más admiración, y verte como superior en todo momento. Nunca logré ni voy a lograr sentirme a tu altura, y lo digo tanto literal como figurativamente. Sos increíble, la mujer más fuerte que conozco, la más comprensiva, dulce, y con un temple envidiable. Nunca voy a dejar de amarte por más que el destino nos juegue en contra, porque soy sangre de tu sangre, soy hija tuya, y con vos viví más de lo que voy a vivir en mi vida con alguien. Soy feliz por el hecho de poder contar con vos a cada momento, por haberme dado cuenta que confiar en mi mamá es lo mejor que puedo hacer, porque es la única persona de la que sé que va a venir un consejo que realmente busque mi bien. Lloré con vos, reí con vos, te conté mis preocupaciones y mis dudas, mis inquietudes, mis temores. Te abracé en silencio cuando no daba más del dolor del alma, me abrazaste en silencio cuando sabías que no habían palabras para calmar el dolor. Dijiste lo justo y necesario en cada momento, para hacerme sentir diferente, especial, mejor. Diste todo incontables veces, la peleaste por mí y por Vale, y con papá hicieron todo para hacernos felices a nosotras. Y aunque no hay día en el que falta un reto, una queja, una pelea, una mala mirada, una contestación de mierda, hay algo que nunca cambió, nunca cambia y nunca va a cambiar. Algo que se siente, y aunque tratamos de demostrarlo, no alcanzaría una eternidad abrazadas. Nunca va a cambiar el hecho de que te ame, que te ame con todo mi corazón, que seas para mí el mundo, el sol, el universo. Que verte mal me parte a la mitad, y no puedo soportarlo. Que verte resongar me hace sentir culpable de estar alterándote. Que verte feliz, me hace feliz a mí, por pensar que soy parte de eso que te hace sonreír.
Gracias por cuidarme y protegerme. Por hacerme acordar que soy fuerte, cuando los demás me hacen pasar por frágil. Por hacerme acordar que hay muchos que me quieren, cuando unos pocos quieren hacerme mal. Por decirme que soy linda cuando no hay halago que me levante. Por decirme que canto mal cuando creo que canto bien. Por confiar tanto en mí. Por no pensar mal de mí nunca. Por dejarme opinar en cuestiones que no debería meterme. Por hacerme recordar siempre que tengo que amar lo que hago, y hacerlo por gusto, nunca por obligación. Por ser una maestra de vida.
Gracias por ser mi mamá, por traerme al mundo. Nunca voy a poder devolverte el favor tan grande que me hiciste: darme la vida.
Sos lo más grande que hay.
Feliz día mamá.
fue un
domingo, octubre 16, 2011