Le creó el efecto contrario.
No la iluminó, no la guió... La cegó.
La luz del día se abalanzó sobre su mirada.
Se quedó ciega. Ya no pudo ver.
Y tuvo que aprender a oir.
Maldito sol que se cobró sus ojos.
Se llevó la dulzura de su visión.
Ya dejó muertos, sin vida los ojos.
No expresan más pasión.
Y tuvo que aprender a oír.
Y se fue acostumbrando.
Los sonidos creaban imágenes en su cabeza.
Imágenes aproximadas, pero imágenes al fin.
Imágenes que le servían de puente,
puente para poder sentirse útil,
para olvidar por un momento el hecho de no ver,
vivir en la oscuridad,
odiar al sol, fuente de vida...
Sol, querido por todos, amado por todos.
Odiado por ella.
Será odiada por todos.
Quién odiaría al sol?