Y me pararé en el borde de ese acantilado, y abriré mis brazos al viento.
Y te veré a lo lejos observando, y desearé que ruegues que me quede.
Y no me mirarás, seguirás riendo, y yo allí, a punto de caer.
Y cerraré mis ojos, dejaré de verte, y seguirás igual, allí en la mente.
Y tu imagen en mi cabeza será oscura, y se oscurecerá mi corazón.
Y caerán las gotas humedeciendo las mejillas, y sentiré su gusto a dolor.
Y dejaré mi luz, dejaré mi alma, y volveré a buscar tu mirada.
Y seré olvidada, seré olvidada, y tú seguirás riendo.
Y me arrojaré, estaré cayendo, y mientras caiga, te miraré.
Y no me mirarás, seguirás riendo, y yo allí, seguiré cayendo.
Y se acabarán los sueños, las mentiras, y a tí no te importará.
Y se acabarán los dolores, los temores, y para tí, nada cambiará.
Y te dejaré en paz, no te perseguiré, y tranquilo al fin estarás.
Y no habrá forma de volver a oirte, y tú no volverás a oirme.
Y no habrá forma de volver a hablarte, y tú no volverás a hablarme,
Y no habrán deseos de besarte, y tú estarás lejos.
Y yo también estaré lejos, y seremos inalcanzables.
Y desearé que no exista el cielo, y no tendré que seguir mirándote.
Y no observaré tus ojos, y no volveré a desearte, a soñarte.
Y moriré y te seguiré amando, y tú seguirás riendo.
Y moriré y te seguiré amando, y tú seguirás riendo.
Y moriré por mí, moriré por tí, y moriré por los dos.
Y serás para mí la razón de mi vida, y serás para mí la razón de mi muerte.
Y serás para mí la razón de mi vida, y serás para mí la razón de mi muerte.