Mirando el cielo, la luna sonríe oscura.
El mundo frena, el tiempo no avanza más.
Es despacio el ardor, que penetra en el interior.
Mirando el horizonte, el alma se desprende.
Suena un astro fugaz, brillando en el cenit.
El sudor ya se derramó, no hay vuelta atrás.
Cabeza arriba, hay fuego en el corazón.
Son ellos solos, rodeados de soledad.
Desafina el violín de la pasión que quedó...
Deseos vagos que fueron, no volverán.
Pero la pasión llama desde adentro.
Toma un vaso de su amor, como un licor.