en la vía

Hoja de papel y lápiz.
Silencio mental que no para de sonar.
Techo: cielo. Luz: solar.
Un suelo debajo, que no es mío, sino de todos.
El viento mece
las cañas,
el pasto,
los pinos,
mi pelo.
Amarillo, ocre, verde, anaranjado.
El otoño se hizo su lugar. 
Acá está, catorce horas, con una ráfaga que avisa que hay que salir con camperita. Pero de esas que son finitas.
La dulzura está en el aire y también en el corazón.
Es fácil volver a lo simple si nos rodeamos de simpleza. Fácil reconocer lo que importa de este existir.
No sé si existo porque pienso, porque siento o porque hago. Las tres, o ninguna, pero soy. Soy mientras el mundo es.
Mientras el viento mece las hojas, y a mi pelo, que se me cruza frente a los ojos y no me deja ver bien la hoja de papel.
Aunque quizás es lo que necesito recordar en este momento,
justo ahora,
justo hoy bajo este sol de otoño,
con los ojos cerrados,
la espalda recta,
y el aire entrando y saliendo, acariciándome el alma:
"Sólo con el corazón 
se ve bien,
lo esencial..."
Brotan solos
la dulzura,
la ternura,
el amor...
Intrínsecos al ser.
Intrínseco, inherente, e infinito.
Sólo es cuestión de detenerse en los detalles.
Y dejar que fluyan, naturalmente,
porque son la naturaleza más profunda de la existencia,
justo ahí, en la esencia,
en el alma,
que no entiende de formas ni colores,
ni de palabras, conceptos o definiciones...