Cuántas ganas de tomarte la mano,
y caminar de la mano bajo la luna.
Apretarte fuerte la mano y los dedos,
lo hago a veces para darme cuenta
de que es eso lo que está sucediendo:
te estoy tomando la mano
mientras caminamos bajo la luna.
¿Es real? ¿De verdad que es real?
Supongo que sí. Sino ¿de dónde salió esta perrita que está durmiendo sobre mi pierna?
A veces siento que es todo un invento de mi cabeza. No me pasa muy a menudo, pero a veces me pasa.
Hoy me siento un poco así. Que quizá es una historia hermosa que me inventé en forma de consuelo, un método que encontré para hacerle creer a mi mente desequilibrada que la vida puede marchar de una manera amable y cordial. Que finalmente me quiero y me aprecio y acepto, la mayor parte del tiempo, y eso ya es un gran logro. ¿Te acordás cuando te odiabas Lu? ¿Te acordás cuando llorabas por mirarte al espejo y no querías salir? Bueno, también me acuerdo de lo mucho que sonreíste siempre en presencia de todos. Qué difícil a veces cuando no queremos llevar nuestra tristeza a los lugares, cuando simplemente no queremos transmitir ese dolor que sentimos. Pero transitarla sola está bien cuando en lugar de distraernos y evadirnos nos preguntamos y repreguntamos. Se aprendió igual, y se aprendió en soledad.
Contándolo a veces no soporto la culpa de cambiar el clima o la energía del lugar en el que me encuentro, hablando con la persona que sea que esté hablando. Aún así, no termino de saber (y no sé cuándo lo voy a saber) si soy más feliz ahora que cuando ignoraba todas estas cosas. ¿Cuán feliz era antes? ¿Soy feliz ahora? ¿La felicidad es mi objetivo? ¿Cuál es mi objetivo? ¿Cuál mi sentido?
Hace un tiempo le pregunté a la persona más sabia que conozco cuál era el sentido de la vida. Y me respondió, a secas "Esto. Querer.". Me mantuve mirándola con la mirada fija, y lloré un poco. El sentido de la vida era ver morir a las personas. Porque eso es querer. Ver la película de la vida de alguien, verlo morir lentamente, día a día. Y si querer es ver morir, y la muerte progresiva es el destino de cualquier organismo vivo, entonces querer es destino del vivir. Tenía razón la abuela. O no. No sé cuál es el sentido de la vida. No sé cuán feliz soy y si ese es mi objetivo. Pero querer me hace llorar.
Capaz por eso se me están cayendo las lágrimas. Quizá por eso estoy mirando al techo y a la pared con los ojos perdidos. Porque quiero. Porque quiero llorar. Hay que bancarse la pelusa si nos gusta el durazno. O tener un cuchillo y pelarlo, descartar, olvidar, destruir. Como si poseer la flor y verla morir en nuestras manos fuera más satisfactorio que verla brillar en la tierra, abierta de par en par al Sol, recibiendo su energía con una sonrisa en la curvatura de sus hojas.
Voy a apagar la luz. Hay días difíciles a veces. Incluso aunque hayamos estado bien todo el día, hay días en los que mantenerse bien también duele... Pero bienvenido seas dolor, porque estoy lista para trascenderte. Día a día un poco más acostumbrada a trascenderte. A veces me asusta que ese día a día también me vuelva más fría e indiferente. O quizá está todo en mi mente y no estoy trascendiendo de corazón, sólo lo digo. Porque si al menos se me dibujara una sonrisa al trascender al dolor... Pero no. En este momento sólo hay energía para llorar, otra vez. Porque extraño una flor...
"-Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar en los millones y millones de estrellas, eso basta para que se sienta feliz cuando las mira. Se dice: "Mi flor está allá en algún lado..." ¡Pero si el cordero se come la flor, es para él como si, de golpe, todas las estrellas se apagaran! ¡Y eso no es importante!-
No pudo decir nada más. Estalló bruscamente en sollozos. Había caído la noche. Yo había soltado mis herramientas. Bien me burlaba de mi martillo, de mi bulón, de la sed y de la muerte. ¡Había en una estrella, un planeta, el mío, la Tierra, un Principito para consolar! Lo tomé entre mis brazos y lo mecí. Le decía: "La flor que amas no está en peligro... Dibujaré un bozal para tu cordero... Te dibujaré una coraza para tu flor... Te..." No sabía bien qué decir. Me sentía muy torpe. No sabía cómo alcanzarlo, dónde encontrarlo... Es tan misterioso el país de las lágrimas."