Te beso, me besás.
Y nos vamos del mundo.
En otra galaxia nos encontramos.
Ahí, rodeados de gente quizá.
Pero recluidos, los dos,
envueltos en ese velo
que hace invisible el paisaje
para concentrar los sentidos
en nuestro momento.
Estamos solos, y te beso.
Y me besas.
Y te amo, te amo tanto,
y de tantas formas,
porque de pronto
quiero acariciarte la mejilla,
y en el siguiente instante
deseo desesperadamente
arrancarte un labio
y que quede en mi poder.
Porque por un momento te amo
de una forma tan bestial,
tan fogosa y pasional,
y luego aparece
ese amor tan sublime
tan puro y esencial
brotando del centro de mi alma
haciendo que apoye la cabeza
en el medio de tu pecho
para quedarme dormida
oliéndote, sintiéndote
despacio, hasta el final.