Iba sola. Sola y despreocupada, sí. Pero también iba confundida. Iba pensativa, dubitando, desentendida. Iba sin saber, sin entender cómos y porqués, sin entender cuándos y paraqués. Iba buscando sin saber qué encontrar, iba viendo un sol brillar, pero a la mitad de su completa intensidad. Iba respirando un aire que jamás me parecía llenar. Caminando por la calle, asustada de que aparezcan fantasmas del olvido preparados para arrastrame una vez más.
No sabía qué quería, ni qué me gustaba. No sabía qué me hacía feliz.
Hasta que te vi.
Te vi entre medio de la gente y...
Supe que quería conocer qué escondía el alma ese que se ocultaba detrás de aquellas palabras.
Supe que quería degustar el sabor de tus labios que tanto me tentaban.
Supe que quería oler tu piel, sentir tu calor, tu amor.
Y esas preguntas estúpidas sin respuesta, esos "¿qué quiero?", "¿qué me gusta?", "¿qué me hace feliz?", dejaron de ser inconclusas para tener un resultado, absolutamente certero: VOS.
Ahora, simplemente, las respondo con tu nombre.
Porque te quiero a vos.
Me gustas vos.
Y vos me hacés feliz.
Sólo vos.
Puedo afirmar que fueron unos felices 6 meses de novios.
6 diecinueves.
Y vamos por un millón más.