Dos en uno, una especie de combo.
Combinación perfecta de la esencia.
Se funden en una nube y desde allí flotan.
Flotando, miran y sueñan.
Mirando, sueñan y ríen.
Soñando, ríen y sienten.
Riendo, sienten y aman.
Sintiendo, se aman los dos.
Tan profundo, tan inmenso.
Tan perfecto.
Quizá aún tan perfecto
que hasta sus propias almas
pecan de incrédulas
al no poder afirmar
la naturaleza del sentir.
Porque todos trabajaron
en crearles la creencia
de que nada durará,
de que no existe "siempre",
porque nunca y jamás,
porque sólo hay abandono,
porque futuro se combina
sólo con la infelicidad.
Pero allí, en ellos, crece.
Una luz, un brillo,
el atisbo de esperanza.
Suspendido, a lo alto, en esa nube.
Crece con cada risa,
cada beso, cada abrazo.
Aprende de cada caída,
cada golpe, cada llanto.
Fortaleciéndose se mece,
y de sus almas se alimenta
con el amor eterno
que allí se gesta, que allí fermenta.
El amor de esos dos seres,
dos en uno, combinados,
que en la nube se acostaron
tomados de la mano
entregándose en un sueño
mientras esperan el amanecer.