8

Ocho meses desde el día que decidí hablarte por primera vez para saber quién eras, por qué me generabas tanta intriga, tantas ganas de conocerte, tanta fuerza saliendo de mi pecho intentando encontrarte en el aire para poder mezclarse con tu energía y fundirse en un abrazo eterno. El día que me di cuenta que empezaba a recorrer un camino sin retorno, único. No habría vuelta atrás, marcaría un antes y un después. Sí, asustaba quizá, pero la realidad fue que me gustaba demasiado ese camino como para dejarlo ir, así, sin más. 
Y nos tomamos de la mano.