beber rocío de unos labios
dulces como un néctar de rosas
que se entreabren en suspiros
leves, suaves, repetidos, repentinos
inesperados
labios que se mueven
mientras que el interlocutor
articula unas palabras
que la observadora escucha
atenta
o no tanto por momentos
pues se pierde al observar
los detalles de su rostro
y de su forma de mirar
e interrumpe el soliloquio
porque los quiere besar
labios que se estiran
mientras que el sujeto en cuestión
esboza una sonrisa pueril
asociada a un bienestar
labios que están a punto de sufrir
una solución de continuidad
por la insistencia de unas mordidas
que no se pueden controlar
labios cálidos de vida
esconden tierna humanidad
ese primer signo de acción
cuando se encuentran en un beso
entre dos que se encienden
en presencia uno del otro
y algo más de calor
empieza a generarse
con una mano que despeina
otra que corrompe la vestimenta
para dar paso a una caricia
de esas que convierten
la llama de una vela
en el fuego inmenso
que todo reduce a cenizas
sutil murmullo audible
de alguna esquina o tertulia cercana
no interrumpe el encuentro
se esconden de la sociedad
para dar lugar a la intimidad
a esa cosa de a dos
que les hace vibrar la panza
y respirar con más intensidad
sin poder ocultar el placer ya
aunque quisieran que así sea
sin necesidad tampoco de
guardarse las ganas
de entregarle al otro un gesto
que le encienda la noche
llevándole a desear que no llegue
el momento en el que Febo
anuncie su llegada
y se comience a asomar