deposité mis sueños en una caja de cartón
quedaron allí olvidados
mientras el tiempo pasaba
enterrados bajo un manto
que los impregnaba
murieron un día
no velé por ellos
su muerte no fue más que
una leve nostalgia
mi mente sigue vaciándose
esperando un torbellino
que sacuda el mundo entero
y quizá en una de esas
las vibraciones movilicen
la putrefacta cajita
en la superficie de nuevo
asirla, abrirla, desenrrollar el pergamino
releer los sueños con una pluma en mano
y quizá así descubrir que
todo sueño ya era un hecho
porque aprendí de una vez
a explotar la condición de ser humana
convirtiendo los sueños en acciones
sin necesidad de ordenaciones
sólo con un objetivo puntual:
dejar a mi instinto gobernar