Venías latiendo bien, corazón... Bien, tranquilo, como siempre...
Nada te hacía exaltar, nada te hacía golpear fuerte, nada te hacía demostrarme que aún sentías.
Porque, justamente, no pasaba nada. Todo seguía igual, nada cambiaba, el mundo se había tornado estático para vos, difícil de modificar.
¿Difícil? ¿Difícil, digo yo? ¿Difícil de modificar, cuando en realidad el sólo hecho de ver el círculo verde seguido de su nombre en esa lista de conectados fue suficiente para sentir ese golpe en el pecho, ese sonido de latido intenso, desenfrenado, que me hizo caer en la cuenta que el sentimiento no se fue, que el recuerdo quedó, que la memoria no se borra, que el amor no se olvida?