Resquebrajándose, la tierra se mueve por debajo de los pies, formando una grieta, una ruptura.
El temblor sigue, continúa, incansable, y hunde cada vez más en esa situación de indecisión.
El trecho se ensancha, la grieta se vuelve extremadamente profunda. Un halo de desesperación cubre la cara, se nota en la expresión, en los ojos. El aire está tenso, hay como una energía extraña que recorre, que hace estremecer.
Las cosas sucedieron de manera inesperada. De un momento a otro, todo se desestabilizó.
Cayó el orden, cayó el equilibrio.
Se produjo una línea, una grieta.
Se rompió al medio.
Y te encontrás allí. Teniendo que decidir de qué lado vas a estar. Para dónde saltar. Qué elegir.
Y se te acorta el tiempo...