treinta de mayo en Paola

Familia. Arraigo. Des-arraigo. ¿Cómo?

Mis raíces atraviesan el océano y llegan hasta casa. No se cortaron. Se alargaron.

¡Cómo no extrañar el abrazo de mamá! La mirada condescendiente de papá. Si tan sólo los hubiera abrazado un poco más...

Y no te suelto, mi amor, no te dejo de abrazar. Tu piel me hace sentir en casa. Me hace sentir familia.

Mi manchi. ¿Mi manchi? Mi mancano. Tutti e ognuno.

Hay una parte de mi corazón que está vacía y rota. Que llora todos los días. Que no la llena ni la playa más cercana ni el agua más transparente, ni el atardecer más naranja sobre el horizonte. Ni la casa con la vista más bella, con el aroma a rosas más intenso, con el balcón más mágico. Ni los vecinos más agradables.

Esperando con ansias la llegada oportuna de unos amigos de siempre. Esos de los que me llenaba la boca hablando hermosuras. Los que me llevaban a reír en cuestión de segundos (yo, una reidora, y ustedes, tan de hacer reír), que me enseñaron a amar la diversidad, a abrir mis puertas del Alma al Mundo, que me mostraron tantos mundos que ni yo me imaginaba encontrar, con lo que (creía) era una imaginación ilimitada de niña que creía conocerlo, imaginarlo y saberlo todo, pero no, había tanto (y hay tanto) por conocer, tanto que ver, escuchar, tocar, oler, saborear, sentir, y queda tanto ¡y con esto no es que extraño tanto que quiero volver, eh! Es que extraño y me hago consciente de que extraño, de cuánto vale lo que extraño, de por qué extraño lo que extraño, y ¡cómo lo extraño! Pero lloro y me río, y el llanto es dolor, y me río en el dolor, ¿por qué no reírme mientras lloro? (¿quién fue el/la salame que estableció la pauta cultural de "una emoción al mismo tiempo" cuanto la paz se halla fácilmente en la coexistencia de todas las emociones?) ¿Por qué no trascender el dolor? Abrazarlo como se abraza a un amigo, atravesarlo por completo y en el atravesarlo asimilarlo, detener el tiempo, hallar la conexión eterna con el sentimiento, que ¡quién sabe por qué lo siento! ¡¿qué sentido tiene sentirlo?! Parte del todo, vida misma, el amor en su expresión más sincera, en su sentido más noble. Y al final la abuela tenía razón, cuando le pregunté cuál era el sentido de la vida según le dictaban sus ochenta y nueve años de experiencia en este mundo alocado, en el que para vivir, o sobrevivir, mejor dicho, tenemos que HACER: comer, dormir, excretar, crecer, doler, llorar, reír, gritar, bailar, insultar, pedir perdón, patalear, extrañar, perdonar, contemplar, sobrepasar, olvidar, recordar, aumentar, disminuir, alejar, acercar, concentrar, distraer, aguantar, explotar, aprender, desaprender, reaprender, aceptar, tolerar, entender, interpretar, comprender, desentender, empatizar, sufrir, trascender, asimilar, abrazaar, interiorizar, incorporar, practicar, expresar, equivocar, tachar, reescribir, inventar, narrar, parar.             Seguir, afrontar, analizar, reflexionar, llenar de renglones con verbos de vitalidad, saber, desconocer, alcanzar una pelota, sacarle una foto al sol, hablar con una vecina que se llama Giovanna y le gustaron los perritos, cebarme unos mates, comer chocolate, cocinar un budin, hacer el amor en el suelo, acabar, no acabar, discutir, pelear, llorar de nuevo, reconciliar, cuidar, besar, darse cuenta, amar, o vivir... ¿o vivir, y finalmente amar? ¿Qué fue primero? Si fue el Amor lo que motivó a Dios a crear... La atracción entre las partículas la que dio paso a la primera molécula, que hizo brotar la membrana, el compartimiento, el citoplasma, el núcleo, la vida... ¿cuánto de todo esto no es amor, entonces? Como un uroboro, mi monotematiquismo. 

Y así fue como se manifestó frente a mí el amor.

Como dijo la abuela al responder la pregunta (que les recomiendo hacer a cualquier abuele si aún tienen el don de que algune esté vive, o un ser al que consideren el más sabio, viejito y amado por ustedes, como lo es mi abuelita Nelly en mi vida), que sin titubearlo, me respondío:

–Esto, hija. El querer.

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Lo hermoso es que te fuiste dejando tu perfume en el aire. Y cuando respiro lo huelo como si estuvieras acá. Como si no te hubieras ido a trabajar. Como si hubiéramos detenido el tiempo a las tres y veinte de la tarde, cuando faltaban 10 minutos para que yo empiece a trabajar, y abrazada a vos por milésima vez en los últimos diez días, te dije: quisiera parar el tiempo en este momento, por lo menos unas horas... 

Experimentamos poderes que no nos imaginamos.

(Crezco. Gracias.)

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(Hasta casi que se escucha Cerati de fondo...)