1 am. Sentada en el comedor de una casa que conocí ayer pero ya la siento nuestra.
A cada lugar a donde vamos siento que es nuestra casa. Será que llevamos el hogar a cuestas.
Vendrás en una hora y algo, todavía estás trabajando. Yo recién termino, y no quiero acostarme hasta que no llegues, porque te preparé una sorpresa en la cama. Cómo me gusta prepararte sorpresas. cómo me gusta regalarte detalles. Regalarte tiempo.
Tiempo que se va y no vuelve, que sólo avanza en una dirección, y a mí que tanto me gusta compartirlo con vos y regalártelo, te pienso y te escribo porque me encanta. Simplemente es eso.
Cuando ayer bajé del tren con casi tanto equipaje como mi peso corporal, me decía a mí misma "al fin llegué", y miré hacia la estación y vi a un chico parado de remera blanca y pantalón clarito, justo lo contrario a mis sueños. Y sin embargo lo vi moviendo la cabeza mirando para todos lados, como buscando que alguien llegara. Dije "es él", no podía creer estar viéndote en mi campo visual de nuevo. Y sí, te había visto la cara, cuántas veces te la había visto, pero una videollamada no tiene profundidad, y ahí estabas vos, parado, generando una sombra, moviendo la cabeza que era tan chiquitita, y tu cuerpo tan chiquitito, y cada vez te ibas agrandando más y más, porque te estabas acercando, y te agrandabas super rápido, y yo quería tirar todo y abrazarte, y cuando pude dejar todo en el piso ya estabas al lado mío y me arrojé en tu pecho, nos fundimos en un abrazo, no podía parar de olerte y tocarte y escuchar tu respiración y besarte y mirarte que eras vos, y llorar de alegría, de emoción, llorar porque había llegado al lugar donde quería llegar, que tanto me gusta, que es mi hogar y mi familia, que sos vos, en todas tus versiones, y ahí estábamos, abrazándonos de nuevo, sin dejar de abrazarnos y besarnos y llorar y besarnos de nuevo y entendiendo que el sentido de todo esto era eso, era ese momento, ese reencuentro, que evidenciaba el amar, el extrañar, el cuidar, el desear, el sentir.
Momento único que no queria dejar de describir y que grabé a fuego en mi memoria, grabé a fuego tu rostro del cual ya me había olvidado, porque sí, tu cara es hermosa y a veces pienso que hasta la podría dibujar, pero el rostro que más me gusta es el tuyo en vivo, y cuando te veo en vivo veo un rostro único e irrepetible, como lo es ese momento, como lo es cada momento de la vida, y en ese rostro único hallo el presente, y en ese presente veo que estás eligiendo compartirlo conmigo, y me pregunto ¿por qué vos? ¿y por qué vos justo me elegiste a mí? ¿cómo fue tanta casualidad? ¿cómo puede ser que nos amemos tanto, siendo absolutamente dos desconocidos, siendo que nunca compartimos nada y de golpe nos fuimos a encontrar en el fondo de un antro oscuro con luces led de colores y música fuerte y hermosa? ¿cómo puede ser que estemos absolutamente entregados a nosotros, y que eso nos haga tan felices, nos dé tanta paz? ¿cómo puede ser que mirarte a la cara me genere una sonrisa que a veces incluso es más amplia que la sonrisa que se me dibuja cuando me veo viva y sana en el espejo?
E imagino todo, nos imagino haciéndolo todo, siéndolo todo, construyendo, compartiendo, creciendo, aprendiendo, aconsejándonos, cuidándonos, acompañándonos. Y nos veo así y agradezco haberte hallado, agradezco habernos cruzado y decidido intentarlo, agradezco la paciencia, el tiempo dedicado, el conocernos con tanta dedicación, con intención plena, con amor infinito, con algunos miedos y fantasmas que hacen que todo sea un poco más complejo pero no por eso menos hermoso, no por eso menos valioso, porque lo que es, es. Porque como nos sale, es lo que nos salió, y está bien. Por algo será. Pero qué maravilloso es vernos tomados de la mano decidiendo aprender de la mano. Qué milagro es llevarte y que me lleves. Cuánta gratitud.
Otro día de agradecimientos a quien corresponda. Principalmente a vos, que me elegís como tu compañera. Justo a mí, que tantas ganas siento de acompañarte.