...huís

¿Te dije alguna vez cuán difícil fue? ¿Enfrentar tanto sentimiento, entregar mi alma al viento?
Sabía que se iba a volar y, aún así, lo hice.
El corazón no sabe elegir.
Sospecho que no te lo dije pero me conocés. Y más que muchos. A veces pienso que me conocés más que yo a mí misma. Será por eso que me manejás tan bien.
No es necesario explicártelo. Sé que lo sabés, ves a través de mí, te das cuenta de cómo estoy.

Y, no... no estoy bien.
Tenés parte de responsabilidad.
Lo descubrís, no te hacés cargo... huís.

"Somos instantes" dice una frase. Fui tantos instantes con vos, en vos... ya no sé cómo establecer el límite. Marcar la diferencia.

Me aferro a los recuerdos, sí. Pero ¿acaso no valen?
Existen igual, pese a negarlos.
Son, existen, prevalecen. Se hacen extrañar, inundan los pensamientos.
Ahí está. Tu cara.
Te pienso.
Se dibuja en un instante.
Ahí de nuevo, aparecen.
Te pienso.
Tu pelo. El contorno de tu cabeza.
Tus labios cálidos.
No, no se dibuja la calidez... aunque ¿cómo no llamarlos cálidos, si siempre que hicieron contacto con los míos me incendiaron?
Tu piel, que hierve.
Me acerco. La toco. Me quema.
Sí, me quemás. Tanto me quemás. No sé qué hacer, porque me duele.
Me duele, me quema, pero tengo frío.
Y te beso. Me mordés. Me sangra y me duele.
Pero te beso más fuerte. Sabés cómo soy.
Te beso más fuerte, porque tengo frío.
Y tengo un algo acá, metido, en el medio, presente. Hace ruido.
Intermitente, se apaga y se prende. Pero se apaga menos de lo que se enciende.
Alumbra, enceguese.
Quien se acerque y mire dirá lo que todos dicen... "un alma joven, risueña, y enamorada".
Pero el alma me pesa y me ata.
El alma está allí, atándome. Sus ataduras me pegan con la superficie.
No, ya lo sé... es que no soy sin ella. Y mi alma te busca y me hace pequeña. Me achicharra.
Como ceniza volátil flameo encima de un fuego. Es fuego encendido, que no se apaga. Ni una lágrima lo mengua, ni una tormenta lo asesina. Es fuego prendido, perenne. Es fuego que quema. ¿Naranja, amarillo? ¿De qué color es? Es fuego, estoy segura. O al menos, la sensación... Miro bien, veo de cerca. Es fuego, o es tu piel. Y no me doy cuenta. No lo sé, pero me ilumina. Lo amo tanto que me acerco, y lo toco, y me quemo, y me duele. Pero me da calor, y lo necesito. Pero me lastima. Pero lo amo. Recorre mi espalda. Esos pulpejos... podría reconocerlos. Entre decenas. Cientos. Miles. O el mundo entero. Y se va apagando. Es recuedo. Viejo, memoria pasada. No existe hoy. Viejo, pero tan deseado, anhelado. El presente es invernal. Es un sueño que duele porque no estás. Frío que mata entre tanta soledad.
Pero nadie me borra el sentimiento. Nadie apaga el amor. La leña se consume, pero lo hace lentamente. El fuego prevalece, llamita incandescente. No calienta ni ilumina. pero sigue viva. Sigue, aunque lágrimas y un sueño pesado lo quieran apagar. Sigue porque no teme tanto como esperan, como piensan que temería, como creen que se achicaría ante tanto dolor. Sigue porque ama, porque cree y se sostiene, porque las bases son fuertes, quizá se dobla o deforma, pero sigue en pie. Sigue y no huye, no como vos. Vos que corrés, vos que te alejás, que no mirás para atrás, que generás esta dstancia mientras desesperado huís, huís de acá, de este pecho que te pide un poco más, un rato de fuego más.