Hoy. En este lugar.
Te vi con el Sol detrás.
No pude escribir en ese momento.
Ni siquiera pude respirar.
Se me cerró el pecho. Una jaula de huesos
se heló de repente limitando el vivir.
Una revolución de sentimientos empezó en mi interior.
Qué difícil es verte. Qué fácil también.
Si supieras lo que me provocás.
Si supieras.
El Sol es hermoso. Más hermoso aún
posado sobre vos.
No puedo explicarlo. Es más fuerte que yo.
Tus manos. Tu cara. El contorno de tu cuerpo.
Tu sombra, incluso.
Me gustaría que tu sombra tocara la mía.
Implicaría estar parada a tu lado,
quizá hablándote,
quizá abrazándote,
quizá besándote,
o quizá, simplemente, parada,
cerca tuyo, en inmediatez,
y no acá sentada
en la butaca,
mirándote desde lejos
viendo los rayos caer sobre tu cuerpo,
mirándote mientras hacés gestos,
sonriendo, con el teléfono en las manos
deslizando tus dedos en la pantalla
más allá de lo que yo pueda controlar
más lejos de mí que lo que estamos acá.