día a día que pasa me voy sintiendo
más presa en mi ciudad...
Y llega un momento que ya no soporta seguir lidiando con eso. Lidiando con personas que por momentos simulan ser las mejores personas del mundo, y por otros momentos no hacen otra cosa de ser netamente hijas de puta, tirando mierda todo el tiempo, haciéndole sentir mínimo, insignificante, inútil. Y mira hacia delante y llora, porque no sabe cómo seguirá eso. Teme una tormenta peor que la que vino. Teme que todo se derrumbe. Le teme a esas personas, personas que no parecen ser lo que son, que encarnan el mal, que no hacen otra cosa que lastimarlo, derrumbarlo, debilitarlo. Y la gente se ríe de él, porque él es poca cosa, porque él no vale nada. Y la gente lo escupe, lo mira, y lo vuelve a escupir. Y él desea desaparecer, morirse, esfumarse, y no volver nunca más.
Pero no puede lograrlo, no puede hacerlo, y se da cuenta que tendrá que soportar eso por mucho tiempo más, hasta que pueda escaparse de ese lugar y poder ser libre de verdad, sin nadie que venga a echarle en cara cuántas cosas hizo mal, cuántas cosas quedan por hacer, y qué camino hay que tomar.
Sin nadie que venga a establecer cuándo las cosas son correctas.
Sin nadie que venga a decir lo que está bien y lo que está mal.
Sin nadie más que uno mismo.