Y esta vez, como nos afecta, lloramos con ella.
Empatía, le dicen. Creo que más que empatía, es remordimiento.
Llenar el vocabulario del día a día de condicionales. Conjugar en subjuntivo.
Los "hubiera" llegan tarde. No hay más que un presente, y acá estamos. Lamentando el pasado.
Como siempre. Como si hiciera falta una pandemia para lamentarse por cosas que pasan. Cosas que, simplemente, pasan porque las permitimos.
Como el estrés. Las peleas. El dolor. La frustración.
Dañar a los otros, y peor, dañarse a uno mismo.
Dejarse de lado. No escucharse.
Tanta potencialidad humana desperdiciada. Tirada a la basura.
Tiempo que fue y no vuelve. Horas de vida. Días enteros.
El tiempo avanza, la vida fluye. La Tierra gira. El Sol va a seguir saliendo, el Viento soplando. La Luna se va a enaltecer blanca y resplandeciente en el cielo negro. Quizá, cada vez más negro. Quizá, un día, las luces terminen de apagarse, y allí lo veamos. Con una sábana de estrellas. Tantas como jamás hayamos visto. Todas esas estrellas que nos perdemos, de tanta luz que generamos. Y me gustaría hablar de generar luz figurativamente, pero no. No es metafórico. Es literal.
La Tierra llora hace mucho, hace tanto. Llora de diferentes formas. En verano, en invierno.
Su llanto no entiende de estaciones. Tampoco respeta rutinas. A la Tierra no le importa si la economía se cae a pedazos. Si la política se debilita. Si las teorías conspirativas son real or fake.
La Tierra llora, se derrite, se congela. Tormentosa, descarga su agua sobre la superficie. La inundación nos azota, y nos preguntamos por qué. Preguntas absurdas si se analiza cómo era todo antes de que la civilización se asiente.
La Tierra llora, y se seca. Se vuelve estéril. Se rompe y resquebraja. No da a basto, y ahí va una máquina echando humo, sembrando sin cesar, arando sin descanso, cosechando veinticuatro barra siete.
La Tierra es nuestra casa y le arrancamos las paredes. Le quebramos el suelo, le volamos el techo. Reventamos sus reservas. La explotamos sin parar.
Explotada, llora. Mientras nosotros vemos cómo cavamos nuestras propias tumbas, despacio, paulatinamente.
Las vemos y lloramos. Porque nos da miedo. Porque así somos. Humanos.
Sentimos, vivimos, percibimos. Asimilamos.
Asimilemos esto y aprendamos. Cuidémosla.
Cuidemos este hogar. Este planeta.
La Tierra... que no es nuestra.
Nosotros somos de ella.