silencio/3

Qué maravilloso es ese silencio que se esconde en el ruido sutil de una caricia. O ese no silencio que se hace pasar por susurro.
Ese que no reina en la noche cuando dos almas se apasionan y entregan. Ni en la mañana, cuando conversan mirando el techo, calentando la pava, musicalizando el ambiente.
Silencios que no son, o casi, pero que aún así miman tanto como el silencio. 
Silencio con música de fondo. Con esos golpeteos sintetizados. Esa guitarra arpegiada. Esa voz suave que se oye de fondo y penetra el aire.
Silencio en el aleteo de una mosca, o en el soplar del Viento. En un motor lejano. En la música del vecino.
En el gas que fluye por la hornalla, y se incendia continuamente mientras tuesta una rodaja de pan.
En el canturreo de unos pájaros que logro ver desde mi balcón, que no sé si son esos los que cantan, pero logro imaginarme que sí.
Silencio de mi corazón latiendo. Silencio de mis pulmones, inhalando y exhalando.
Hasta podría escuchar el silencio de mi sangre fluyendo.
Puedo porque, al fin, mi alma no grita. No reclama. No me insulta.
No me llora mientras reprocha la falta de cuidado. No me ruega de rodillas que la empiece a mirar.
No me pide que no la ignore, porque ya no la ignoro. No me pide que la proteja, porque nunca la volví a lastimar. Ni permití que otros la lastimaran.
No pide que la lleve a casa, porque ambas vivimos en ella. Convivimos. En paz y armonía.
Cómo no me va a gustar el silencio, con toda esta realidad. Cómo, si ya no se autodestruye. Si ya no se desangra.
Ronronea en mi interior y me hace vibrar el pecho.
Y me siento dichosa de estar viva para poder verlo. De haberla elegido primero. De ponerla por sobre todas las cosas. De amigarme, envolverla en un abrazo, y nunca más dejarla morir así. Como cuando casi la dejo volar por los vicios de la vida. Por las historias exageradas. Por la vulnerabilidad y el desprecio.

Al final no sé si la agradecida es ella. Ella, porque al cuidarme yo, está cuidada de lo externo, al estar encerrada en mí... Pero no sé qué tan así es. Se me hace que la agradecida acá soy yo, que me enamoré de algo que tengo dentro. Algo a lo que aferrarme... para siempre.