Será porque razonarlo demasiado me hace caer en la cuenta de que una parte de mí se está agotando continuamente. Quizá es la misma parte que se niega a pensar en el tiempo.
Si es así, cuando se agote por completo, pierda la noción de que lo que el tiempo genera en mí. Y simplemente me dedique a apreciarlo. Como a una flor. O a un cuadro. O a las caras de esas personas con las que decido compartir el tiempo.
Cómo me gusta mirarles el rostro durante minutos. Tratar de grabar detalles. Poder evocarlos con sólo cerrar los ojos. Mirarles la cara mientras hablan, mientras se ríen. Cuando están serias. Cuando disfrutan. Cuando sienten placer. Cuando lloran. Cuando me ven.
El tiempo fluye, pasa. Avanza.
Con nosotros sujetados. A veces intentando frenarlo. Esos días de ansiedad que vienen con el deseo puro de "paren el mundo"... como si del tiempo dependiera eso.
Y ahí estamos. Sumergidos en un sistema.
Las cosas que hace falta que pasen para cuestionarnos la existencia. Para poner en jaque los valores. Para volver a la esencia.
Sentarse a apreciar una flor. Un cuadro. Un rostro.
Sentarse a abrazar. Besar una frente. Contar una historia.
Cerrar los ojos y disfrutar del silencio. La salida y la puesta de sol. Doble regalo, todos los días.
Y todos ahí, corriendo. Atrás del tiempo.
Que se nos caga de risa y avanza más lento a más lo queremos controlar. Mirando las agujas más veces que horas tiene el día.
Esperando apoyar la cabeza en la almohada para no poder ni cerrar los ojos.
¿Y cómo vas a dormir a la noche si te pasas la vida durmiendo, viviendo como te dicen que tenés que vivir, y no como pensás que querés vivir?
¿Acaso alguna vez pensaste en cómo querés vivir? Quién querés ser. En qué te convertiste. Cuán alejado estás de ese ser que anhelabas con intensidad hace un largo rato, cuando ni siquiera comprendías la noción del tiempo. Cuando la vida era el ahora. El juego, ya. La comida. El jardín. Los dibujitos. Hay que dormir. Y empezaba de nuevo.
No sé en qué momento el ahora deja de tener tanto protagonismo. Pero me parece algo terrible.
Mientras tanto, esa parte de mí que se niega a pensar en el tiempo, se va agotando. Y yo, abrazada a la posibilidad, asimilando al tiempo como una consecuencia irreversible de la existencia. Existir hoy. Ahora. El presente. Desarrollando estas líneas.
Y si así de bello es existir, entonces, bienvenido seas, Tiempo.