No sé si las cosas salen como uno quiere siempre.
Mmh... Reformemos.
Las cosas no siempre salen como uno quiere. (Ahí me gusta más).
Podemos inflar un globo, querer hacerlo grande, enorme... Y termina pinchándose.
Podemos apretar el acelerador, al máximo, a fondo... Y en algún momento no podremos acelerar más.
Podemos gritar fuerte, tan fuerte, hasta sentir la garganta desgarrarse... Pero, finalmente, el grito terminará.
Nada es eterno, ni siquiera sabemos si el alma lo es.
Vemos cómo las cosas pasan.
Las personas pasan. Llegan, están, y se van. 
Son efímeras... No duran para siempre.
Y el tiempo pasa. Y no para.
El tiempo no para.
Somos esclavos del tiempo.
El tiempo nos mata, nos hace envejecer.
El tiempo pasa y uno se da cuenta de eso tan tarde...
Es hora de abrir los ojos.
Es hora de darnos cuenta que la vida se nos pasa, los segundos se escurren entre los dedos, las palabras se dicen y se pierden en un pasado al que nunca podremos regresar.
La vida se va acortando, alejándonos cada vez más del momento de nuestra creación, acercándonos un poco más a las cenizas, al fin.
Debemos saber que eso es así, y nadie lo va a cambiar...
Por eso, debemos vivir.
Vivir, y aprovechar cada segundo del tiempo que tenemos de vida.
Porque si no lo aprovechamos ahora, en vida... ¿Cuándo hacerlo?