No puedo creer que ya hagan cuatro años. El tiempo pasa tan rápido, se escurre entre los dedos, dejándonos cada vez con las manos más vacías, y con la cabeza más llena. El tiempo es como el agua, cuando pasa con velocidad arrasa con todo, se lleva muchas cosas, y deja ciertos restos. Restos que perduran, guardados en la memoria. Restos de la historia.
"La memoria pincha hasta sangrar" dice León Gieco. Y hoy, a mí, me desangró.
Todo el día recordar, todo el día pensar.
Momentos que pasamos, recuerdos de fotografías, de cumpleaños, de visitas.
Y te pienso y te extraño tanto.
Y te imagino a mi lado, sosteniéndome, cuidándome todo el tiempo.
Pero sé que ya no estás. Nunca más te voy a poder volver a dar un abrazo, un beso, y decirte que te quiero.
No sé cuántas veces te dije te quiero.
Me gustaría tenerte al lado mío para que me veas tocar el piano. Creo que tu ida me hizo amar más la música, y aprendí a tocar bien y no pude mostrártelo nunca. Ojalá pueda perfeccionarme más. Capaz, si el cielo junto a Dios existe como dicen, me puedas estar mirando. Yo sé que en mis recuerdos estás todo el tiempo, tocando conmigo, en mis dedos, diciéndome que no cruce las manos, y yo sin embargo, cruzándolas igual. Jugando al chinchón, y no sé cómo, vos haciendo chinchón en la décima mano. Que me veas cómo aprendí tantas cosas en el colegio, cómo me gusta aprender, las cosas que sé de política internacional, que sepas que tengo una guitarra eléctrica, que me vengas a visitar todas las semanas.
Que nos podamos ver, un momento, un segundo.
Que te pueda abrazar, un momento, un segundo.
Que te pueda decir "Te amo, abuela", un momento, un segundo.
Te extraño.