Estaba a la espera de que diga eso. En el pasado lo hubiera preferido, pero en esos momentos, las palabras fueron como puñales hundiéndose de a poco en el pecho.
Morirse de ganas de estar a su lado, en ese momento, acariciándose.
Hubiera matado por tenerlo con ella aunque sea un momento.
Hubiera recorrido cielo y tierra por llegar donde estaba.
Hubiera viajado lo que sea, por llegar hasta su casa.

Hace tres días que habló con él.
Tres días que sintió su voz.
Tres días que recordó que aún lo ama.
Tres días que se dio cuenta que estos meses fueron un engaño hacia sí misma.
Es más fácil engañarse, difícil asumir.

Está herida.
Alma partida. Corazón sangrante.
Sangra despacio, inundando el salón.
Sangra con ganas, y siente el ardor...