I w a n t t o b r e a k f r e e ~
Liberación. Poder decir aunque sea una décima parte del sentir, de lo raro, de lo extraño.
Indecisa, insegura, deslizándome a través del tiempo, remontando al pasado, volando a la niñez, por primera vez.Recordar las palabras, las miradas, los gestos. Recordar esa frase, perdida en la memoria, en un sitio escondido. Allí esperaba, latente. Esperaba, siniestra. Esperaba acechar.
Nunca hubiera imaginado que la vida tomaría ese sentido. La curva aquella, la más pronunciada, difícil de tomar, peligrosa, mortífera, fue la dirección. Y la niebla del camino no dejaba ver qué era lo que estaba al final, aguardando, silencioso. Avanzaba, paso tras paso, caminando hacia adelante. Sigilosa, atenta a cualquier sobresalto, a cualquier alteración, señal del espacio, que diera un indicio de que las cosas estaban a punto de cambiar. Un cambio de vida, un cambio de estructura, que desarme lo armado para volver a empezar, elegir otro terreno, construir una base nueva, edificar sobre ella.
Pero el cambio no lo hallaría hasta finalizar con el camino.
Tendría que haberlo visto, haberme dado cuenta antes, antes de doblar. Aquellos ojos que me miraron estaban brillando a través de la noche. Aquellos fueron la razón por la cual cambié de sentido, decidí abandonar esa línea recta, interminable, que se prolongaba por kilómetros y kilómetros, extendiéndose sin control, sin freno, sin nada. Vacía, arrastrándome a un destino incierto, solitario, de dolor, hasta vaya a saber uno cuándo. Pero decidí virar, y tomar ese giro, seguir el impulso, seguir ese brillo que, desde algún punto, me hiciera revivir, sentirme plena, entera...
Volví a ver esos ojos. Pero ¿cómo no me di cuenta que eran los tuyos? ¿cómo no caí que eras vos quien me había tenido pensando durante todo ese tiempo? Días y días mirándote a la cara, horas pasadas, minutos cercanos. Años compartidos, valiosos, hermosos. Crecer junto a vos, viéndome a mí, viéndote a vos, viéndonos...
Hasta que tus palabras me envolvieron, me hicieron caer en la realidad. Cuestión de decir una frase, pequeña, tal vez, algo insignificante, para que despertara en mí aquello que había estado dormido, secreto. Y cuando descubrí que tus ojos eran los mismos que me habían mirado bajo la inmensidad de la noche oscura, supe que no habría vuelta atrás.
Nunca hubiese imaginado que justo seas vos. Aquel para mí intocable, imposible. Descabellada idea mirarte con otros ojos. Pero empezaste tú, con tu voz arrastrándose por mi cabeza, repitiendo esas palabras que me hacían revivir, sentirme plena, entera. E intenté reprimirlo, ocultarlo más dentro mío, olvidarme de lo que había sentido, lo que habías sentido, lo que sentimos.
Pero no pude. Y hace tan poco me di cuenta que las cosas se me fueron de las manos. Pensé que había sido una locura, una cosa de momento. Pero se ve que tuviste la capacidad. La capacidad de hacer que te piense, y tenga ganas de estar a tu lado. De reír, de llorar, de compartir momentos. Y tenerte a tí, respondiéndome de la manera que mi más profundo ser deseaba, aunque yo no quisiera admitirlo, era una caricia a mi alma, caricia a mi corazón...
Y sigo, sigo aguardando, atravesando el camino, imaginando lo que me espera al final si es que decido seguir, atenta a las curvas que aparezcan para desviarme, y mientras tanto pensando, qué será lo mejor, qué debo elegir...