paz y tanto más

 Me decís que me querés,
    y lo sé.
Sé cuánto. Sé cómo.
No hay ni un centímetro cuadrado de superficie de mi piel que no lo sepa. 
No tengo ni un lunar al que no se lo hayas mostrado.
Cada una de mis células epiteliales me lo dijeron. Mi queratina. Mis uñas, y lo que se llevan debajo, cada vez que te recorren por completo.
Mi cintura me lo recuerda todo el tiempo, cada vez que cierro los ojos,
y logro sentir tu mano rodeándola.

Mis ojos ven tu mirada
tan dulce y tierna.
Suave. Entrecerrada.
Profunda. Brillante.

Y te digo que tenés unos ojos hermosos,
    y no encuentro la palabra
    de la sensación que se me genera cuando los miro,
acá, en el medio,
en el centro del pecho.
Mariposas en la panza, amor en el corazón... qué sé yo.
    Sensación de tranquilidad en plena vorágine
que me da ganas de rodearte como me rodeás vos a mí
en un abrazo que no se termine más.
    Sensación que se repitió cuando miré el cielo
celeste, inmenso,
anunciando con nubes rosadas
una puesta de Sol,
la caída de la noche,
la paz del atardecer....
Eso fue. Eso me das.
Paz.
Aunque me queda corto.
Paz plena.
Reproducible.
Paz que vuelvo a sentir
en cada pensamiento
en el que intercambiamos momentos.
Paz, enorme, memorable.
Que cura. Que nutre. Que sana.
Paz que alimenta.
Paz cuando me abrazás la cintura.
Cuando me rodeás por completo y con fuerza
y me hacés entender
cuánta transparencia transita por tu alma.
Cuánto se puede permitir sentir.
Cuánta paz podés transmitir.
Paz... y tanto más.